Empezamos el curso ya pensando en las vacaciones de Acción de Gracias, esa maravillosa semana a finales de noviembre en la que podemos hacer lo que más nos gusta, viajar. Empieza la deliberación, dónde vamos, qué caro está todo, vamos a esperar un poco a ver si sale algo más barato (Alerta, spoiler: NO), ¿Panamá? ¿Guatemala? ¿Costa Rica? Al final nos quedamos con Costa Rica… ¡qué buena decisión!
Como siempre, intentamos ahorrar unos dólares y cogemos unos vuelos a San José muy tarde por la noche con escala en Guatemala de 4 horas. Mientras esperamos en Guatemala, muertas de sueño, nos arrepentimos de la compra y prometemos ser menos ratas. Aunque, sinceramente, no sé qué es lo que nos pasa por la cabeza a la hora de comprar los vuelos que siempre nos olvidamos de esas promesas y acabamos cometiendo los mismos errores. Pero dejémonos de rollos y vamos al lío.

Qué tienes que saber antes de viajar
- No inviertas más de 1 día visitando su capital, San José. El país tiene paisajes espectaculares y merece la pena alquilar un coche y recorrer lo máximo posible. En caso de tener el tiempo justo, no visites la capital.
- Obligatorio llevar chubasquero: el clima es muy cambiante y las lluvias tropicales están a la orden del día. Naiara tuvo que comprarse un chubasquero.
- Recuerda que la moneda de Costa Rica son los colones costarricenses. Cambia dinero antes de ir o asegúrate de que tu banco no te cobre comisiones cada vez que pagas por algo. Otra buena opción es utilizar la tarjeta Revolut o la N26.
Día 1: San José
Cogemos el coche en el aeropuerto y llegamos a San José sobre las 11 de la mañana. Todavía no podemos entrar a la habitación, así que nos cambiamos en los baños del hotel (Hotel Balmoral), dejamos las maletas allí y nos vamos a explorar la ciudad y a comer con las pocas fuerzas que tenemos. Vamos directas al Mercado Central de San José, ya que cierra pronto y queremos visitarlo. En el hotel nos recomiendan comer en una soda del mercado, así es como llaman en Costa Rica a los lugares de comida típica. Damos una vuelta por el mercado y encontramos la soda. No hay más de 10 mesas, hay cola para entrar, todos parecen locales y se palpa el alboroto de los sitos en los que sabes que vas a comer bueno, bonito y barato. El local se llama Soda Tala. Nos pedimos unos jugos de Guayaba y algunos platos típicos: olla de carne y Talapinto (un plato típico que combina el gallo pinto clásico con tortillas). Todo está buenísimo y nos reconforta el estómago. Aquí todavía no sabemos lo mucho que nos va a gustar la comida «tica».
De postre, probamos un helado típico de La Sorbetera, también en el Mercado Central. Solo tienen un tipo de helado que se lleva haciendo con la misma receta desde 1901. Sabe a vainilla y canela y, desde luego, no te lo puedes perder.

Paseamos sin rumbo y nos vamos impregnando de la esencia de ciudad: mucha gente por la calle, personas con micrófonos en las puertas de las tiendas para anunciar las ofertas del día y diluvios inesperados. Paseamos arriba y abajo sin mucha intención de hacer turismo hasta que llega la hora de ir al hotel y sin pensarlo mucho nos echamos una siesta que nos sabe a gloria.
Por la tarde paseamos un poco más y visitamos por fuera la Plaza de la Cultura, el Teatro Nacional, el Edificio de Correos y el Museo Nacional . Por la mañana hemos visto un bar que tiene cerveza Estrella Galicia y nos parece un buen motivo para decidir que queremos cenar ahí. El local se llama La Vasconia y para nuestra sorpresa ¡también es un karaoke! Cenamos bien y decidimos que volveremos en nuestra última noche en San José a cantar unas canciones. No podemos pedir más. El viaje empieza bien.
Día 2: Parque Nacional Manuel Antonio
Para esta visita contratamos un guía que llevaba una especie de telescopio con el que nos iba enseñando los animales y plantas y podíamos verlos de cerca. No vamos a negar que el parque es de lo más turístico y hay muchos grupos haciendo el tour a la vez. Aun así, nos parece buena idea contratar un guía, aunque solo sea en un parque, para que nos explique cosas de Costa Rica y podamos ver los animales bien. Mi favorito, sin duda, es el perezoso, cuando veáis la foto lo entenderéis (¡qué carita!). El tour lo contratamos con Manuel Antonio Park y el precio ronda los $60 por unas 2 horas de paseo.
Mientras esperamos a que empiece el tour, visitamos el restaurante El Avión, un curioso restaurante en forma de avión. No tiene nada especial, pero es curioso de ver.

Al finalizar el tour vamos a la playa de Manuel Antonio, que es muy bonita y merece la pena. Tenemos la mala suerte de que a nuestra amiga Cris le pique una medusa y tenemos que irnos rápido. Un guía nos da un plátano y nos dice que se lo restreguemos por la zona que le ha picado para aliviar el picor. No lo recomendamos, el picor siguió allí y el olor a plátano duró todo el día. Lo único que le alivió fue el vinagre, por si alguna vez os pasa.


Esa tarde pusimos rumbo a Monteverde, donde pasaríamos las 2 noches siguientes.
Día 3 y 4: Monteverde
En Monteverde vivimos una de las experiencias más increíbles hasta el momento: el «Canopy tour» de tirolinas. Y ¿eso qué es? Es una excursión de aventura en la que se van encadenando diferentes tirolinas, desde la más corta a la más larga (1600m, una locura). Además, en las últimas tirolinas, algunos tours tienen la opción incluida de tirarte a lo «Superman«, es decir, agarrada con un arnés por el cuerpo y por lo pies, de forma que es lo más cerca que vas a estar de volar. El precio es de unos $70 y contratamos con 100% Aventura.

Nuestro tour además incluye una última experiencia que se llama «Tarzan Swing» lo que viene siendo un salto de péndulo. Obviamente, este último es opcional y no todo el mundo lo hace. Creo que siempre recordaré cuando estaba a punto de tirarme, nerviosa y temblando como un flan y dije en voz alta: «Ay Dios, ¿Qué hago yo aquí arriba?» Y el monitor, con toda su filosofía pura vida me dijo: » Vivir, Paula, vivir». Y así fue, viví una experiencia que no creo que olvide nunca.
El día siguiente lo dedicamos a hacer diferentes rutas por el Bosque Nuboso de Monteverde, que, al igual que Manuel Antonio, está bastante masificado. Por la tarde, paseamos por el pueblo de Santa Elena, compramos muchos souvenirs y regalos de Navidad para toda la familia. Cenamos en Bar Amigos, otro local bastante auténtico donde además de cenar, jugamos un billar y Cris nos da una buena paliza a todas.

Día 5: Volcán Arenal y Catarata La Fortuna
Empezamos el día con casi 3 horas de coche para llegar a Volcán Arenal. Cuando llegamos está todo muy nublado y nos llevamos un poco de bajón, ya que con tantas nubes tapando el cráter, bien podría ser un volcán o una montaña normal y corriente. Aún así, no perdemos la esperanza y empezamos a subir a la parte más alta por la ruta más común y fácil que nos recomiendan. La ruta dura alrededor de 1 hora y, a pesar de las cuestas, no se nos hace muy pesada. Una vez llegamos arriba, decidimos esperar 5 minutos a ver si se despeja. Pasan 10 minutos, 15, 20… Al final nos rendimos y nos autoconvencemos de que lo bonito de la naturaleza es que es impredecible. Al bajar de vuelta al parking, hacemos otra ruta que nos ha recomendado el guía que es «un poco más técnica». El problema llega cuando empieza a caer el gran diluvio, todo es cuesta abajo y no puedes agarrarte en ningún sitio y hay un cartel que dice «peligro de serpientes». Pero bueno, estamos vivas, así que todo acabó bien.

Una vez abajo nos encaminamos hacia la Catarata La Fortuna. Cuando llegamos allí, el día sigue bastante feo y no tenemos muchas ganas de bañarnos. Nos dicen el precio de la entrada, son 20€ por persona, y decidimos que no nos merece la pena pagar y nos vamos a ver el pueblo de La Fortuna.
El pueblo es muy pequeño y no tenemos grandes intenciones de hacer turismo. Visitamos la plaza principal y los alrededores y empezamos a buscar un sitio donde cenar. Gracias a Google Maps encontramos la Soda Víquez. Igual exagero al decir que fue la mejor comida del viaje, pero me pareció que todo estaba BUENÍSIMO. Pedimos unos jugos de mango y casados. Los casados son los platos típicos de Costa Rica y llevan arroz, frijoles, plátanos maduros y carne, pescado o verduras si eres vegetariano. Pero en este lugar en concreto, añadieron mil cosas más de las que no puedo recordar los nombres, pero sí salivar al recordarlo. El sitio era barato y las camareras y cocineras, cantando al ritmo de Bad Bunny y Karol G, hacían que el ambiente que se respiraba fuese inmejorable.


Después de esta buena merienda cena condujimos un rato largo para estar más cerca de nuestro siguiente destino.
Día 6 y 7: Tortuguero
Antes de viajar a Tortuguero necesitas saber que a Tortuguero solo se puede llegar por aire o por agua. Nosotras decidimos ir por agua desde La Pavona y la verdad es que llegar fue toda una odisea. Empecemos.
Llegamos a La Pavona pronto por la mañana y dejamos el coche en un parking en el que podías dejarlo los días que necesitaras y pagar al regreso. Nada más llegar al pueblo te das cuenta de que viven del turismo de Tortuguero y encuentras muchísimas personas intentando que guardes el coche es su parking. Nuestro consejo es que vayas hasta el final para aparcar lo más cerca posible del embarcadero y poder comparar precios.
En el embarcadero te montas en una especie de botes muy pequeños con capacidad para unas 15-20 personas. Una vez montadas empieza la aventura: 1 hora de trayecto hasta el Parque Nacional de Tortuguero.

Nos alojamos en Aracari Hostel Garden. No es muy glamuroso, pero nos saca del paso. También hay resorts y hoteles más elegantes, pero ya sabéis que no somos muy fans de gastar mucho dinero en los alojamientos. En el hostel mismo contratamos una excursión en canoa para el día siguiente que te lleva por los canales de Tortuguero con el fin de ver animales.
Después de comer, visitamos el Cerro Tortuguero. Es la colina más alta y desde ahí se puede ver el paisaje que rodea los canales, el bosque tropical lluvioso, las lagunas y el mar Caribe. Para llegar allí puedes contratar un barca en el embarcadero y te llevan hasta el pequeño pueblo de San Francisco, a 20 minutos. Cuando llegas, empieza la ruta de unos 400 escalones de cemento hasta llegar a la cima. Nos parece que es una excursión que merece la pena, las vistas son bonitas y te ayuda a tener una imagen completa de Tortuguero.

De vuelta en Tortuguero decidimos callejear, ver las tiendecitas, comprar souvenirs y tomarnos un café. Destacamos Budda Café para relajarse y tomarse algo con vistas al canal y butacas cómodas. Hasta ahora, nos encanta el rollo que tiene el pueblito: gente descalza por la calle, niños corriendo de un lado a otro sin preocupaciones, adolescentes en bicicleta llevando los ingredientes a las sodas, relax y buen ambiente.
A la hora de cenar se nos hace tarde y nos cuesta encontrar un sitio abierto. Acabamos cenando en una soda en la que estamos solas con los dueños del local, que están cenando en familia. Una experiencia muy auténtica. Cenamos ceviche y algún casado que, como siempre, no pueden faltar. Como anécdota, nuestras amigas Lucía y Cris necesitaban ir al baño y resultó que el baño del local era el mismo baño de la casa, así que pudieron ver los cepillos de pelo y de dientes de toda la familia. Como os decíamos, la vida en Tortuguero es Pura Vida.

Al día siguiente, nos levantamos pronto para hacer un tour en canoa. Normalmente, la excursión se hace a las 5:30 am porque hay más posibilidades de ver animales y hace menos calor. Mis queridas amigas no estaban por la labor de madrugar y lo hicimos sobre las 8. El recorrido por los canales dura alrededor de 2 horas y el guía, que es un señor muy simpático, nos va señalando todos los animales que hay por el camino y y nos ayuda a enfocarlos con sus prismáticos. Para el paseo en canoa es imprescindible llevar gorro/gorra, agua y repelente de mosquitos.

Al acabar, el guía nos deja en la entrada del Parque Nacional de Tortuguero para hacer el Sendero Jaguar. Este sendero es una ruta facilita de 2km en la que puedes observar muchos animales, incluidos jaguares, un animal en peligro de extinción. No tuvimos la suerte de ver jaguares y doy gracias. De todas formas, si tenéis la suerte de verlos, nunca hay que darles la espalda, tienes que cubrirte el cuello con las manos y caminar en dirección al mar o, al menos, eso ponía en todos los carteles. El sendero acaba en una famosa playa donde las tortugas hacen el desove. Si es temporada de desove (de mayo a octubre), la playa está cerrada al público.
Finalizado el sendero, vamos caminando hacia el pueblo y de camino nos encontramos la Soda Doña María, un lugar donde sirven platos típicos de comida caribeña. Comemos un pollo con salsa caribeña muy rico. El local es sencillo y se nota que es un negocio familiar con comida 100% casera. Cómo no, acompañamos nuestra comida de unos juguitos de frutas.

Descansamos un rato en el hostel y otra vez paseamos por Tortuguero y nos tomamos café fresquito, esta vez en El Patio. De camino a la playa, nos encontramos con una escuela y nos llama muchísimo la atención el edificio y las instalaciones. Otro mundo comparado con lo que vemos en Estados Unidos. Al atardecer, damos un paseo por la playa, nos tomamos un Coco Loco y cenamos en el pueblo en un lugar que no merece la pena nombrar. Escribiendo esto pienso: ¿nos pasamos el día comiendo? Algo me dice que sí…



Al día siguiente, vamos de vuelta a la Pavona bien pronto por la mañana y cogemos el coche hacia nuestro último destino.
Día 8: Volcán Irazú y Cartago
3 horas y 50 minutos nos separan del Volcán Irazú. No negamos que la paliza de coche es interesante. Una vez llegamos está nubladísimo, hace frío y mucho viento. Parece que los volcanes no son lo nuestro. Este volcán lo vemos menos masificado y, al contrario que en el Volcán Arenal, en este puedes caminar por el cráter y pisar suelo volcánico. Así que la experiencia es buena.

De camino a San José paramos en Cartago para que el viaje no se nos haga tan largo. Esta es la antigua capital de Costa Rica. Visitamos la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles por fuera, paseamos y paramos en un supermercado a comprar mucho café de souvenir.

De Cartago a San José solo tenemos minutos. Una vez allí, dejamos las maletas en el Hotel Colonial, nos duchamos y salimos a disfrutar de nuestro último día. Como no hemos comido nada, cenamos pronto y por supuesto vamos otra vez a La Vasconia. Está vez vamos con intención de cantar en el karaoke y así es, al pobre DJ lo tenemos frito de pedirle tantas canciones.
Al día siguiente, desayunamos en el buffet libre del hotel y ponemos rumbo al aeropuerto, dando fin a uno de los viajes más verdes y rodeados de naturaleza de nuestras vidas. Volvemos enamoradas de sus ceviches, sus casados, su gallo pinto para desayunar y su alegría y amabilidad.
VALORACIÓN DEL VIAJE
Costa Rica nos ha encantado, pero hay que tener en cuenta que a día de hoy es un destino muy turístico y que dependiendo de las fechas puede estar muy masificado. Nosotras estuvimos 8 días de viaje y echamos en falta 2-3 días más para ir más desahogadas y visitar la zona de Limón.










