Conoce dos de los parques nacionales más famosos de Utah
Naiara, que tiene como hobbie buscar vuelos y montar viajes, encontró unos vuelos muy baratos a un pequeño aeropuerto de Utah, el aeropuerto de Provo. Cuando vimos que los vuelos de ida y vuelta nos salían por $90, no dudamos. Con los vuelos comprados, sólo queda organizar la ruta. En este post os contamos qué rutas hacer en Zion Canyon y en Bryce Canyon.

QUÉ TIENES QUE SABER ANTES DE VIAJAR
- Las distancias son bastante largas entre el aeropuerto y los dos parques, así que es una buena idea dormir a mitad de camino.
- Madruga para ir a los parques, ya que se forma mucha cola a la entrada.
- Lleva comida a a los parques, no hay casi restaurantes.
DÍA 1: CHICAGO-PROVO
La tarde del jueves cogimos un vuelo desde el aeropuerto de Midway y en 3 horas estábamos en Provo. El aeropuerto era enano, de esos que solo tienen 4 puertas de embarque. Salir del aeropuerto fue rápido y allí mismo cogimos el coche que teníamos reservado. Desde Provo a Zion Canyon hay 4 horas de coche, así que como llegamos de noche, decidimos dormir a mitad camino en el pueblo de Salina. Condujimos durante hora y media y al llegar a nuestro destino nos encontramos con el típico motel de carretera que gestionaba un matrimonio. El motel se llama High Desert Inn. Habitaciones limpias y espaciosas y sin desviarte mucho de la carretera principal que lleva hasta Zion Canyon.
DÍA 2: SALINA-ZION CANYON
Nos despertamos, nos pusimos nuestra ropa deportiva y fuimos a desayunar a un bar que había al lado del hotel: Mom’s cafe. Nada más entrar nos sorprendió mucho el estilo texano y la de vaqueros que había allí. Una mesa con 6 señores con gorros de cowboy y alguna que otra pistola. Desayunamos un clásico: huevos fritos, hash browns y bacon. Con esto teníamos la energía necesaria para continuar con las 3 horas de viaje que nos quedaban.
El camino fue tranquilo, carreteras larguísimas en las que no pasa ni un alma y de vez en cuando unos pueblos de carretera muy pequeños que vivían del turismo a los parques de la zona. En una de estas carreteras infinitas, pasamos por al lado de un coche en el arcén. Para mi sorpresa, cuando pasamos por ahí, ese coche empezó a perseguirnos. Efectivamente, era la policía. No entendía por qué nos estaba persiguiendo ni que quería que hiciéramos. Así que cuando encontré un arcén un poco más ancho paré y bajó en policía. ¡BINGO! Multa por velocidad. Al parecer se podía ir a 65 y yo iba a 79. Después de preguntarnos si había alguna razón para correr, se llevó mi pasaporte y mi carné de conducir a su coche y tardó un rato en volver. Volvió con un bonito ticket de $120 que todavía no hemos pagado.
Después de ese incidente, intenté no dejarme llevar por aquellas carreteras infinitas. Justo antes de llegar de a Zion Canyon vimos un campo lleno bisontes. Paramos a hacer unas cuantos fotos y nos hicimos las valientes dándoles un poco de hierba para comer.

Cuando llegamos al parque, compramos el pase anual a los parques nacionales, ya que cuesta $80 y el pase de un día son $35. Las vistas desde el coche nos parecieron increíbles. Colores rojizos y la sensación de estar rodeada por naturaleza. Avanzamos con el coche hasta el visitor center y allí aparcamos (una tarea complicada, por cierto).
La primera ruta que hicimos fue Riverside Walk. Esta ruta va por al lado del río hasta donde empiezan The Narrows. Una ruta muy facilita y agradable. Perfecta para hacer con niños, sin desniveles y puedes hacerla en 1h y media. No fue mi ruta preferida, ya que no tenía la sensación de estar en un cañón, pero queríamos ver cómo empezaba la gente a hacer la ruta de los Narrows. Para nuestra mala suerte, y la de muchas personas más, esa ruta estaba cerrada porque el nivel del río estaba muy alto. Si tenemos la oportunidad, volveremos y la haremos.


Como eran casi las 3, decidimos parar a comer algo. La verdad que fuimos muy poco preparadas y sin comida. Así que cogimos el bus y fuimos a la zona del camping, ya que allí había un restaurante. La comida, como siempre que comes en alguno de estos sitios, no fue nada especial, cara e insípida.Lo bueno fue que comimos en una zona verde muy agradable.
Después de ese pequeño parón hicimos la ruta de Emerald Pool Trail. Esta era una ruta un poco más exigente, ya que el camino no estaba tan liso y tenía alguna que otra cuesta. Aún así, nada que una persona medianamente en forma no pueda hacer. La ruta fue bonita, veíamos el río y el cañón desde diferentes perspectivas. A lo largo de la ruta podías llegar a 3 puntos, la parte baja de la cascada, la media o la alta. Solo llegamos hasta la parte baja porque íbamos justas de tiempo, pero es verdad que la ruta en sí fue mucho más bonita que el destino final. De la cascada caían 4 gotas de agua y más que una pool, había un charquito.

Una vez abajo, cogimos el bus otra vez y nos dirigimos al Visitor´s center. Pasamos por la tienda de souvenirs y cargamos con varias cosas: un libro de parques nacionales, imanes y postales para mandar a nuestras abuelas. Con la travesura realizada, fuimos en coche hasta el inicio de la ruta Canyon Overlook. Personalmente, de las 3 rutas, fue la que más me gustó. No era difícil, aunque sí tenía cuestas. Por el camino, ibas rodeada de rocas a los dos lados y me gustó esa sensación de no ver nada más alrededor. Las rocas tenían colores rojizos, marrones, verdes y junto a la luz del sol que no estaba muy alto, fue una ruta muy bonita. Cuando llegamos arriba, nos quedamos impresionadas. Las vistas del cañón desde ahí eran increíbles. Había bastante gente esperando a ver el atardecer. No recomendaría ir antes del atardecer, ya que sí el sol está muy fuerte, no deja disfrutar de las vistas. Una vez bajo el sol y se escondió por detrás del cañón, pudimos disfrutar del paisaje.


Cuando bajamos a por el coche, ya estaba anocheciendo, así que cogimos el coche y pusimos rumbo a nuestro siguiente motel, a 30 minutos de Bryce Canyon. Teníamos la esperanza de cenar por el camino, pero para nuestra sorpresa todo estaba cerrado, restaurante y supermercados. En el pueblo que estaba nuestro motel encontramos un restaurante que cerraba a las 21:00. El GPS nos marcaba que llegaríamos allí a las 20:53. Pusimos todas nuestras esperanzas en que estuviese abierto y nos dieran de cenar y por suerte, así fue. Otro típico lugar con decoración texana y una gran foto familiar nada más entrar, imaginamos que de la familia que lleva el bar. Cenamos muy bien y nos dieron un vale de un 10% de descuento si íbamos a desayunar al día siguiente. Dormimos en Dragonfly Motor Lodge.
DÍA 3: BRYCE CANYON-SALINA
Desayunamos en Cowboy’s Smoke House Cafe con nuestro 10% de descuento. Esta vez cayeron otros huevos con bacon y unos pancakes bien contundentes.

Esta vez quisimos hacerlo bien y pensamos que quizá en este sitio nos podrían hacer unos sandwiches para comer, pero nos dijeron que no, que no tenían nada preparado de comidas todavía. Así que con nuestro gozo en un pozo, fuimos a la gasolinera de al lado y nos tuvimos que conformar con unos snacks de granola, una barrita de queso envuelta en prosciutto y unos lunchables. ¿Que qué son los lunchables? La comida más triste de este país y que todos los niños llevan en las excursiones. Una cajita con crakers, queso, jamón york, un zumo y un Reesees. Esta es la mejor de todas, hay incluso una versión en la que te creas tu propia pizza, así fría, con tomate crudo y un poco de salami. Pero bueno, gastronomía a un lado, cogimos el coche y en 30 minutos estábamos en Bryce.
En este parque también hay autobús, pero moverte en coche es muy fácil, ya que todas las carreteras van por fuera y no son estrechas ni con curvas. Nuestra primera parada fue el Sunset Point. Nuestra intención era hacer Queen’s Garden Trail y Navajo Loop. Esta ruta de unas 2 horas te lleva desde Sunset Point a Sunrise Point pasando por medio de los hoodoos. Una pasada.

El principio de la ruta fue cuesta abajo por unos caminos bastante arenosos y de resbalón fácil, pero las vistas… ¡Ay, las vistas! Mirases donde mirases estabas rodeada de hoodoos rojos y montañas al fondo. Una vez más la sensación de estar en medio de la nada. Después de bajar las cuestas, llegamos a una zona más verde y en unos 10 minutos empezamos el Navajo Loop. Durante este tramo fuimos al 100% entre hoodoos y fuimos subiendo cuestas y cuestas hasta llegar a la parte más alta, donde otra vez, tuvimos toda la inmensidad de paisaje delante de nosotras. En mi opinión, esta es la ruta que, si vas, no te puedes perder, ya que te ofrece diferentes perspectivas del cañón y si vas con poco tiempo, lo cumple todo.



Cuando acabamos esta ruta, yo quería más. Estaba encantada con el parque. Fuimos en coche hasta Inspiration Point y desde allí empezamos la ruta de iba de Inspiration Point a Bryce Point. Esta ruta era mucho más panorámica, ya que al estar a más altura, veías el cañón desde arriba. Fue una camino fácil y agradable, un paseo, vaya. Pero un paseo con buenas vistas. Al acabar la ruta, comimos en un banquito en Fairyland Point.

Para finalizar, quisimos hacer la ruta que va de Yovimpa Point a Rainbow Point. Estos son los puntos más altos del cañón. Desde donde estábamos teníamos 30 minutos en coche, estaba literalmente en la otra punta del parque. El paisaje desde las alturas era muy diferente, montañas, árboles y mucho verde cubierto de nieve. Al llegar a Yovimpa Point unas señoras nos dijeron que si no íbamos preparadas con botas de nieve y palos de andar lo mejor era que no hiciésemos la ruta, la nieve llegaba hasta las rodillas. Así que, como no íbamos preparadas, nos dimos media vuelta camino a Salina. Dormiríamos en el mismo motel que la primera noche.
Esta vez nos fue más fácil cenar, y paramos en Richfield, un pueblo a unos 10 minutos de Salina. Cenamos una pizza en una bolera, en un ambiente 100% de la América profunda, jugando una partida de bolos mientras cenábamos. Fue un buen final de viaje totalmente inesperado.
DÍA 4: SALINA – PROVO
Nos despertamos pronto y con mucha pena, teníamos que poner fin a nuestro viajes. De camino al aeropuerto desayunamos en un Ihop, un clásico dinner de carretera. Devolvimos el coche en el aeropuerto, y como todo lo bueno tiene un final, nos montamos en al avión y en menos de 3 horas estábamos de vuelta en casa.




